LA TERAPIA COGNITIVO-CONDUCTUAL ES MÁS EFICAZ Y EFICIENTE QUE LOS FÁRMACOS PARA EL TRATAMIENTO DE LA ANSIEDAD Y DEPRESIÓN
(Fuente: INFOCOP ONLINE, 22-02-2012 )
Tal y como recogen diversos medios estos días, los problemas de ansiedad y
depresión constituyen uno de los principales motivos de consulta en Atención Primaria. La situación
actual de crisis económica ha agravado notablemente la prevalencia de estos
trastornos, de tal manera que los expertos advierten que en el 2020
constituirán la primera causa de discapacidad en el mundo.
Recientemente, en el marco de un congreso nacional sobre
ansiedad y trastornos comórbidos, profesionales de la medicina han reconocido
que los tratamientos
farmacológicos actuales resultan insatisfactorios en estos casos, ya que
sólo son efectivos en la mitad de los pacientes y su administración no elimina
cierta patología residual que se mantiene en el tiempo.
En contrapartida, y si
tenemos en consideración la evidencia científica de los últimos años, la
terapia psicológica y, específicamente, la
terapia cognitivo-conductual, ha demostrado ser una alternativa más eficaz y
económica que los fármacos para
el tratamiento de la ansiedad y de la depresión y, a diferencia del tratamiento
farmacológico, no supone ningún riesgo para la salud y no presenta ningún
efecto secundario adverso.
Además de reducir los
síntomas de ansiedad y depresión y mantener estos cambios terapéuticos a largo
plazo, el tratamiento psicológico proporciona otros beneficios en comparación
con el tratamiento farmacológico, tales como una mayor adherencia al tratamiento, una disminución
significativa del riesgo de recaídas y una elevada tasa de recuperación (es decir, a diferencia de los
fármacos, no deja ninguna "patología residual"),evitando la
cronificación del trastorno y
disminuyendo, consiguientemente, el número de visitas al médico y los días de
hospitalización.
De hecho, las principales guías de práctica
clínica basadas en la
evidencia científica, tanto internacionales como nacionales (como la del National Institute for Health and
Clinical Excellence –NICE-), recomiendan
la terapia cognitivo-conductual como
el tratamiento de primera elección para
el trastorno depresivo leve y moderado, el trastorno de angustia, el trastorno
obsesivo-compulsivo, el trastorno de ansiedad generalizada y las fobias
específicas.
Asimismo, el tratamiento psicológico es
aconsejable por encima del
farmacológico cuando el problema de salud mental que presenta el paciente está complicado por otras
condiciones médicas, como abuso de alcohol o drogas, o problemas crónicos
de salud física, así como en el caso de niños,
adolescentes y mujeres embarazadas, debido al riesgo elevado para la salud
que supone el consumo de psicofármacos en estos grupos de pacientes. Sólo en
los casos severos se recomienda el uso de medicación, pero siempre en
combinación con tratamiento cognitivo-conductual, e informando al paciente
sobre los objetivos terapéuticos, la duración del tratamiento farmacológico,
los posibles efectos secundarios y los riesgos que conlleva una interrupción
brusca de la medicación.
Por todos estos motivos,
numerosos organismos competentes en materia de salud -como la Organización
Mundial de la Salud (OMS), el Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia
Clínica del Reino Unido (NICE) o la Federación Mundial de la Salud Mental
(WFMH)- señalan las ventajas
económicas y psicosociales de la implementación de terapias psicológicas en los
servicios de Atención Primaria, así como la necesidad de los ciudadanos de
recibir otro tipo de atención sanitaria menos medicalizada, más humanizada y,
sobre todo, más ajustada a sus necesidades.
Como ejemplo práctico,
esta estrategia ya se ha puesto en marcha con éxito en el Reino Unido, que ha incorporado
a más de 5.000 psicólogos en
los servicios de Atención Primaria para
ofrecer tratamiento psicológico basado en la evidencia y cubrir la demanda
asistencial que requieren los problemas de ansiedad y depresión. Los informes y
estudios publicados muestran el éxito de esta estrategia de actuación frente al
abordaje farmacológico tradicional, así como la gran satisfacción manifestada por parte de los usuarios
de los servicios de salud de ese país.
Sin embargo, a pesar del
respaldo científico que avala la terapia cognitivo-conductual, en nuestro país,
el modelo asistencial que impera en salud mental, excesivamente medicalizado y
biologicista, así como el escaso número de profesionales de psicología en el
sistema sanitario, impiden el
acceso al mejor tratamiento posible para
las personas afectadas de estos problemas.
En el marco del congreso
sobre ansiedad y trastornos comórbidos mencionado anteriormente, los
profesionales de la medicina manifestaron su inclinación a tratar estos
problemas con unos fármacos de reciente aparición (denominados
"duales"), otros nuevos antidepresivos e, incluso, anticonvulsivos,
dado que la terapia psicológica es un artículo de "lujo" y que no
parece que nuestro modelo sanitario siga el camino de incorporar, como
recomiendan los organismos internacionales, más psicólogos en el sistema
sanitario.
Esta insistencia en
anclarse en un modelo de intervención -el farmacológico- que ha demostrado no
ser el mejor tratamiento disponible, cuestiona
gravemente la calidad asistencial que
se ofrece a los ciudadanos. Las decisiones clínicas deberían ir encaminadas, no
necesariamente hacia la medicalización, sino hacia la respuesta terapéutica
que, sobre la base de la evidencia empírica, haya
demostrado una mayor eficacia y eficiencia.
La tendencia a recetar
fármacos de manera abusiva (a pesar de sus efectos
secundarios, de su dudosa eficacia para el tratamiento de algunas dolencias y
del elevado coste económico que suponen), tiene
serias repercusiones que
transcienden al ámbito personal o social. A este respecto, Infocop ha publicado recientemente una
serie de artículos, en los que diferentes investigadores reflexionan sobre la verdadera eficacia de los
antidepresivos, los efectos
nocivos de la administración de psicofármacos a la largo plazo, la dudosa validez de la teoría que reduce la explicación de los
trastornos mentales a simples desequilibrios bioquímicos y sobre los intereses económicos de la
industria farmacéutica en
perpetuar estos modelos de actuación en salud mental.
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