TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD: UN PROBLEMA SOCIAL Y ECONÓMICO
(Fuente: INFOCOP ONLINE, 16-06-2006)
La Asociación Británica
de Psicología (British Psychological Society) ha publicado recientemente un
informe sobre los trastornos de personalidad, elaborado de la mano de
reconocidos profesionales e investigadores en el área de estos trastornos.
El informe de 56 páginas,
realiza una revisión detallada sobre distintos aspectos de los trastornos de
personalidad, comenzando por ofrecer una conceptualización de los mismos, para
pasar a analizar los posibles orígenes de estos trastornos y finalizar con su
evaluación y abordaje.
Según
indica este trabajo, los trastornos de personalidad pueden definirse como variaciones o exageraciones de
atributos de personalidad en sí mismos normales. Continúa explicando que,
con frecuencia, estos trastornos se han asociado con comportamientos
antisociales, a pesar de que la mayoría de las personas con trastornos de esta
índole no presentan conductas de este tipo. Afirma, así mismo, que son
numerosas las personas con otros trastornos mentales que presentan
simultáneamente problemas de personalidad y que esta comorbilidad puede reducir
la efectividad de los tratamientos psicológicos que se ofertan a los pacientes.
El grupo de expertos
señala, aludiendo a la investigación existente al respecto, que aproximadamente
el 10% de la población general presenta problemas y síntomas que se
corresponden con criterios diagnósticos para un trastorno de personalidad, así
como que esas tasas aumentan significativamente cuando se habla de población
psiquiátrica. Así, como indican estos expertos, aunque las cifras ofrecidas
varían considerablemente entre estudios, algunos de éstos sugieren tasas de
prevalencia en pacientes ambulatorios que sobrepasan el 80%.
Por el momento, indica el
informe, se desconoce la existencia de una causa que por sí misma pueda
explicar la aparición de un trastorno de personalidad, y apunta que en la
génesis de este tipo de problemas se encuentra la combinación de factores
biológicos, sociales y psicológicos. Continúa explicando, que se piensa que los
sistemas de memoria relacionados con el self y los otros son centrales en los trastornos de
personalidad y apunta que el desarrollo de estos sistemas depende de las
experiencias de aprendizaje en las relaciones tempranas.
El primer paso para
tratar un trastorno de personalidad, señala este grupo de expertos, es la
evaluación de la personalidad, para lo que deben utilizarse instrumentos
específicos y estructurados que cuenten con buenas propiedades psicométricas.
Así mismo, recomiendan el uso de instrumentos de autoinforme y entrevistas
semiestructuradas a la hora de establecer metas, mantener el foco en el proceso
terapéutico, contribuir a la selección y sensibilidad de las estrategias de
intervención y monitorizar el cambio.
Aunque
existen pocos estudios controlados, la investigación sugiere, según esta
revisión, que las terapias psicológicas permiten tratar con éxito estos
trastornos. No se cuenta, sin embargo, con evidencia de la posible superioridad
de algún tipo de abordaje frente a otro, ni de una posible mayor efectividad en
la modalidad de tratamiento que se elija (ambulatoria, ingreso
hospitalario...). En cualquier caso, lo que sí parece derivarse de este
trabajo, es que los beneficios terapéuticos se hacen especialmente evidentes
cuando el tratamiento es intensivo, a largo plazo, coherente a nivel teórico,
está bien estructurado, se realiza integrado con otros servicios y se hace
seguimiento.
Los esfuerzos para que el
paciente se comprometa con la terapia desde el inicio y mantenga el
"enganche" terapéutico durante la misma, así como la calidad de la
alianza terapéutica conseguida se muestran como factores cruciales a la hora de
determinar los resultados de la intervención.
Este trabajo de revisión
presenta una serie de recomendaciones en relación al abordaje y las políticas
sanitarias que deben tenerse en cuenta para el abordaje de estos trastornos.
Entre las mismas resaltan la importancia de fomentar una política de gobierno
que garantice el tratamiento de las personas con trastornos de personalidad en
los servicios habituales de salud mental y forenses, así como la creación de
equipos multidisciplinares especializados en estos trastornos a los que puedan
tener acceso. Otra de las recomendaciones que plantea es la necesidad inminente
de que estos servicios incorporen psicólogos clínicos y forenses, que tengan
las competencias necesarias para la intervención con estos trastornos.